20 de octubre de 2026

Hoy en Consuegra no hay nada en el programa de fiestas, y es lo más interesante que le pasa

La Rosa del Azafrán reparte sus actos en dos fines de semana y deja estos días en medio vacíos. Lo único abierto es la hoja de inscripción de los concursos de monda. Porque la fiesta no la decide el calendario: la decide la flor.

Arroz a la toledana Consuegra
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Una fiesta con un agujero en medio

El Ayuntamiento de Consuegra publicó el 8 de octubre el programa de la LXIV Fiesta de la Rosa del Azafrán, que va del 17 al 25. Si uno lo lee de arriba abajo encuentra actos el sábado 17, el domingo 18, el viernes 23, el sábado 24 y el domingo 25. Entre el lunes y el jueves, nada.

Así que hoy, martes 20, en el pueblo que organiza la fiesta más conocida del azafrán español no hay programa. Hay una sola cosa abierta, y está en una línea pequeña del propio programa: «Inscripciones del 19 al 22 de octubre en las oficinas del Ayuntamiento». Es la hoja para apuntarse a los concursos de monda.

Lo que se compite aquí es pelar flores deprisa

Conviene saber qué es lo que se inscribe en esa hoja, porque dice mucho de Consuegra. Los concursos de monda son cuatro y están escalonados: el viernes 23 por la tarde el local, primero en categoría infantil y una hora después la de adultos; el sábado 24 el provincial de adultos; y el domingo 25, en la plaza de España, la final infantil y la final nacional.

O sea que el pueblo tiene campeonato infantil, provincial y nacional de una sola habilidad: separar a mano los estigmas rojos de la flor del azafrán. Hay fiestas que compiten en paellas, en cortar jamón o en comer. Esta compite en la parte más lenta y más minuciosa del trabajo del año, y la pone en la plaza mayor con público delante. El sábado hay además la LXI Molienda de la Paz, en el Molino Rucio, que es el otro oficio del cerro.

La fecha no la pone el santo: la pone la flor

Hay una razón por la que esta fiesta cae a finales de octubre y no en agosto, cuando cae casi todo lo demás en los pueblos de La Mancha. El azafrán florece en el último tercio del mes, y la flor no espera: se abre de madrugada y hay que recogerla ese mismo día, antes de que el sol la pase. La campaña del año pasado arrancó en la provincia de Toledo el 25 de octubre, y hubo que esperarla unos días porque un bajón de temperaturas frenó la floración.

Por eso los días en blanco del programa no son un descuido: son los días en que el pueblo está mirando al campo. La fiesta se monta alrededor de un trabajo que depende del tiempo, y las fechas se fijan con la esperanza de que la rosa llegue puntual.

De la flor a la hebra

La monda es lo que convierte una flor en especia. De cada flor morada se sacan tres hilos rojos, los estigmas, y se sacan con los dedos, uno por uno, sentados a una mesa. Lo demás —los pétalos, los estambres amarillos— se descarta. Después esas hebras se tuestan con cuidado, y ahí se quedan en una fracción de su peso.

Esa es toda la explicación del precio del azafrán, y de que se venda en gramos y no en kilos. No es escasez de tierra: es que no hay máquina que haga la monda, y cada hebra ha pasado por una mano. Cuando en Consuegra ponen el concurso en la plaza, están poniendo en público exactamente el cuello de botella de su economía.

Siete u ocho hebras, y un mortero

El plato de la provincia que trata el azafrán como lo trata un manchego es el arroz a la toledana, y la pista está en su lista de ingredientes: «7 u 8 hebras de azafrán». No una pizca, no un sobre: siete u ocho hilos contados, para una cazuela de cuatro.

Es un arroz de cazuela de barro, semicaldoso, y junta cosas que no parecen ir juntas hasta que se prueban: medio pollo troceado, congrio, calamares y setas, todo rehogado en manteca de cerdo. Se dora el pollo en la manteca, se rehogan el congrio y los calamares a fuego medio-bajo, se añaden las setas —escaldadas antes— y se deja que todo se haga junto un cuarto de hora largo.

Y entonces llega el azafrán, en el sitio exacto donde tiene que llegar. Se echa el arroz, se rehoga un par de minutos en la grasa, se moja con el agua hirviendo y ya no se vuelve a remover. Las hebras no se tiran al caldo: se majan en el mortero con los dos dientes de ajo, se deslíe el majado con un poco de caldo caliente y así se incorpora, repartido. Veinte minutos a fuego medio, unos minutos de reposo tapado con un paño, y a la mesa en la misma cazuela.

Siete u ocho hebras son dos o tres flores. Dos o tres flores de las que alguien, esta semana o la que viene, recogerá de madrugada en un surco de Consuegra y mondará por la tarde con los dedos. El plato cuesta lo que cuesta un arroz; el hilo rojo que lo tiñe cuesta una mañana.

Fuentes consultadas