18 de octubre de 2026

Hoy en Mondoñedo se celebra la feria número 870, y los caballos bajan sólo por un día

La feria de As San Lucas se cuenta desde 1156, así que la de este domingo hace 870. Es el día grande: la gran feria de ganado caballar, y a las cinco y cuarto los caballos vuelven al monte.

Tarta de Mondoñedo Mondoñedo
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Una feria que se cuenta por ediciones, no por años

Casi ninguna fiesta española se numera. Se dice «las fiestas de octubre» y ya está. Mondoñedo, en cambio, lleva la cuenta, y este año le sale un número redondo que no es redondo por casualidad: la edición 870. La feria de As San Lucas se cuenta desde 1156, cuando la ciudad recibió el privilegio de celebrar una feria de ocho días en honor al santo, y desde entonces se ha ido sumando una por año hasta hoy. Ocho siglos y tres cuartos de la misma cita, en el mismo sitio, en la misma semana de octubre.

La celebración de este año va del 16 al 25, diez días con feria de ganado, maquinaria agrícola, concursos caninos, charangas, conciertos en la Praza da Catedral y el Día das Maulas al final, cuando los feriantes rebajan lo que les queda. Pero el día que da nombre a todo es hoy, 18 de octubre, San Lucas.

Bajan el sábado, se van el domingo a las cinco y cuarto

Lo que distingue a esta feria de cualquier otra feria de ganado es que sus protagonistas no llegan en camión. Los caballos bajan del monte, y lo hacen el sábado por la tarde, atravesando la ciudad y pasando por la Praza da Catedral, que es la imagen con la que Mondoñedo se anuncia y la que llena las aceras.

Hoy domingo es el día de la gran feria tradicional de ganado caballar, desde primera hora de la mañana. A las cuatro y media hay concurso de andadura. Y a las cinco y cuarto de la tarde los caballos salen otra vez hacia el monte. Es decir que el animal que sostiene una feria de 870 ediciones pasa en la ciudad algo menos de un día. Luego quedan la doma nocturna de las nueve y cuarto, los conciertos y la verbena, pero el eje ya ha vuelto a subir.

Lo que se come mientras bajan los caballos

En una feria gallega de diez días la comida no es un añadido del programa: es parte del motivo por el que la gente va. En Mondoñedo lo primero son las casetas del pulpo, que la prensa local cita como uno de los atractivos de la feria junto a los caballos, y que funcionan a pleno rendimiento el fin de semana grande.

Y luego está el dulce, que aquí tiene una particularidad poco común: lleva el nombre de la ciudad. No «tarta de almendra de Mondoñedo» ni «dulce mindoniense». Tarta de Mondoñedo, a secas, como si la ciudad hubiera registrado el postre. Se vende en los obradores del casco histórico todo el año y en la feria se vende sola.

Una tarta que se lee por el corte

La tarta de Mondoñedo no se parece a ninguno de los dulces gallegos que al forastero le vienen primero a la cabeza, y conviene decirlo porque la confusión es constante: no es una tarta de Santiago. La de Santiago es una lámina de almendra con la cruz en azúcar glas. Esta es un dulce de capas, alto, que se entiende cuando se corta.

Dentro hay una base de hojaldre o masa fina, capas de bizcocho humedecido en almíbar, cabello de ángel, almendra, y por encima tiras de masa cruzadas formando reja. Y encima de la reja, frutas confitadas y guindas, rojas y verdes, que son su firma visual desde la vitrina. Es repostería de obrador antiguo, de las que combinan masa, fruta de confitería y almíbar sin pedir perdón por ello.

Nuestra ficha de la tarta no publica cantidades, y hay que decirlo con claridad: las fuentes que la documentan describen el montaje y no pesan los ingredientes, así que no vamos a inventarlos. Lo que sí está documentado es el orden, que en un dulce de capas es casi todo.

El montaje, que es el orden

Se forra un molde redondo con el hojaldre o la masa fina, y sobre esa base se van colocando las capas de bizcocho humedecidas con almíbar. Entre ellas van el cabello de ángel y la almendra, repartidos, que son los que dan el relleno y el aroma. Luego se cubre con tiras de masa cruzadas formando la reja, se pinta con huevo batido y se hornea hasta que dore.

Al salir se decora con las frutas confitadas y las guindas. Y el último paso es el que más se incumple y el que decide si la tarta se ve o no: hay que dejarla enfriar antes de cortarla. En caliente las capas se arrastran unas sobre otras y el corte sale revuelto; frío, aparece el perfil por el que se reconoce, con sus líneas de bizcocho, su banda de cabello de ángel y la reja dorada arriba.

Hoy, con los caballos ya de vuelta en el monte y las casetas del pulpo a tope, en Mondoñedo esa tarta se corta a cientos. Hace 870 años que allí se monta una feria en esta semana; el dulce es más joven, pero lleva el nombre del sitio, que es la forma más alta en que una ciudad puede firmar una receta.

Fuentes consultadas