15 de octubre de 2026

En Alba de Tormes hay una peña que se llama 15 de Octubre, y hoy se entiende por qué

Hoy es el día grande de Alba de Tormes, con misa de obispo y la procesión del Santo Brazo. Y en la Plaza Mayor llevan cinco días vendiendo cazuelas de barro, que es la otra mitad de esta historia.

Chanfaina salmantina tradicional Alba de Tormes
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Una peña con fecha por nombre

En el programa de fiestas de Alba de Tormes hay un detalle que no llama la atención de nadie allí y lo dice todo: el toro de cajón del sábado lo organiza la Asociación Cultural Taurina 15 de Octubre. No el nombre de un santo, ni de un barrio, ni de un río. Una fecha. En este pueblo de la ribera del Tormes, a veinte kilómetros de Salamanca, el calendario es identidad, y hoy es el día que le da nombre a la peña.

Las fiestas son largas, del 10 al 22, y hoy es el centro. A las doce y media hay misa presidida por el obispo de Salamanca y Ciudad Rodrigo, José Luis Retana. A la una y media salen los cabezudos con la charanga. Y a las seis y media sale la procesión con la imagen de Santa Teresa y con el Santo Brazo, este año sobre unas andas restauradas. Luego vendrán el toro de fuego y la música en la Plaza Mayor, pero el 15 de octubre en Alba se mide por la procesión.

El pueblo que conmemora su muerte el día 4 y su fiesta el día 15

Hay una rareza en este calendario que merece contarse, porque explica por qué Alba celebra a su patrona dos veces en el mismo octubre. El 4 de octubre, antes de que empiecen las fiestas, las campanas del reloj suenan a las nueve de la noche para marcar el momento exacto del tránsito de Santa Teresa, y después se puede visitar su celda. El día grande, en cambio, es hoy.

No son dos aniversarios: son el mismo. Teresa de Cepeda murió en el convento de la Anunciación de Alba la noche del 4 de octubre de 1582, y a la mañana siguiente era el 15. Esa misma medianoche entraba en vigor en España la reforma del calendario, y los diez días que iban del 5 al 14 de octubre simplemente no existieron. De ahí que su fiesta se celebre el 15 y que el pueblo donde murió conserve la memoria de la otra fecha, la de la noche. Pocos sitios tienen una efeméride partida en dos por un decreto.

Mientras tanto, en la plaza se venden cazuelas

La otra mitad de estas fiestas no es religiosa ni taurina: es alfarera. El sábado 10 se inauguró en la Plaza Mayor la Feria del Barro, que es la cita que de verdad distingue a Alba de Tormes de cualquier otro pueblo con patrona de octubre. Abre de once a dos y media y de cinco a nueve, y a estas alturas de la semana lleva días funcionando a pleno rendimiento.

Vienen alfareros de Portugal, de Extremadura y de Castilla y León. Hubo concurso profesional a la mejor pieza, demostración de torno tradicional, otra de pintura persa, talleres de torno para niños y para adultos, y el Museo de Alfarería abrió sus puertas con visitas guiadas. Y un detalle que resume el pueblo mejor que ninguna descripción: el domingo hubo un corte de jamón solidario servido en plato de barro. Aquí el barro no es artesanía de escaparate. Es el plato.

Lo que esas cazuelas llevan dentro

Y si uno se pregunta qué se cocina en una cazuela salmantina comprada en la Feria del Barro, la respuesta de la provincia es la chanfaina. No el nombre que comparte con medio país —hay chanfainas en Extremadura, en Andalucía, en Cataluña, y no son el mismo plato—, sino la salmantina: un guiso de cordero de aprovechamiento con arroz, que nació donde había ovejas y matanza y no había nada que tirar.

Lleva hígado de cordero, callos o menudos, sangre cocida, arroz, cebolla, ajo, pimentón, comino, laurel y huevo duro por encima. Leída así, la lista asusta a quien no se haya criado con ella; comida, es un plato de cuchara denso y especiado que explica una comarca entera. El comino y el pimentón no son adorno: son lo que convierte el despojo en comida de fiesta.

El arroz manda, y manda al final

La chanfaina se hace en dos tiempos y el orden importa. Primero se cuecen los menudos con laurel y sal hasta que estén tiernos, y de ahí sale un caldo que no se tira: es el que va a mojar todo lo demás. Se escurren, se pican menudos y se reservan. En la cazuela se pocha la cebolla y se dora el hígado troceado, y entonces llega el momento delicado, el del pimentón, que se echa con la cazuela fuera del fuego y se mueve enseguida, porque en caliente amarga en segundos y no hay forma de arreglarlo.

Después se moja con el vino blanco y un poco del caldo guardado, y se incorpora un majado de ajo, comino y pimienta desleído en caldo caliente. Lo último son los menudos, la sangre cocida en dados y el arroz, a fuego suave, hasta que el grano quede jugoso y haya chupado el fondo de la cazuela. Unos minutos de reposo, el huevo duro picado o en medias lunas por encima, y a la mesa.

Da para cuatro. Y el día que Alba de Tormes vende cazuelas en su Plaza Mayor mientras saca a su patrona en procesión parece el día exacto para estrenar una.

Fuentes consultadas