28 de septiembre de 2026

Cacabelos abre su feria de San Miguel y el Bierzo enciende los hornos del pimiento

Cacabelos celebra hoy y mañana su Feria de San Miguel, con el ganado a orillas del Cúa y el mercado tomando la Plaza Mayor. Coincide con la mejor semana del pimiento del Bierzo, que se asa despacio y se pela en caliente.

Pimientos asados del Bierzo Cacabelos
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Una feria que no espera al fin de semana

Hay ferias que se mueven para caer en sábado y ferias que no se mueven en absoluto. La de Cacabelos es de las segundas: está fijada al 28 y al 29 de septiembre, víspera y día de San Miguel, y este año le ha tocado lunes y martes. Da igual. Esta mañana los tratantes han bajado igual al recinto ferial que se abre a orillas del río Cúa, con las yeguas, los caballos, los potros y los burros, mientras la Plaza Mayor se llenaba de puestos de ajos, aperos, textiles y huerta.

Son dos escenarios y dos funciones distintas. Abajo, junto al agua, se cierran tratos con la mano; arriba, en la plaza, se compra lo que uno necesita para el invierno. Entre medias, el olor del pulpo a feira, que en el Bierzo es tan de romería como en cualquier plaza gallega.

Sancho IV firmó y aquí seguimos

El privilegio que permite esta feria lo concedió Sancho IV hace más de setecientos años, y las crónicas locales la sitúan ya documentada en el siglo XV como tres días largos de transacciones de ganado y venta de productos agrícolas, textiles y vinícolas. Van más de doscientas treinta ediciones, aunque los propios medios bercianos discuten si son doscientas treinta y dos o doscientas treinta y tres, que es una discusión muy de pueblo y muy sana.

En el siglo XVIII el mercado se armaba en torno al santuario de las Angustias, y hasta allí subían los manteros de Val de San Lorenzo con sus mantas de lana. De aquello queda la costumbre: comprar en la calle, en septiembre, lo que va a hacer falta cuando apriete el frío.

Y el pimiento llega en su mejor semana

Cacabelos no está en cualquier sitio. Está en el eje que baja hacia Carracedelo, que es el corazón del pimiento asado del Bierzo, con indicación geográfica protegida propia. Finales de septiembre es justo el pico de la campaña: el pimiento se recoge maduro, rojo entero, y de la huerta pasa al horno casi sin descanso.

No es un pimiento cualquiera. Es carnoso, de piel fina y punta alargada, y está pensado para asarse, no para freírse en tiras. Quien lo ha probado sabe que la diferencia no está en el aliño sino en lo que pasa dentro del horno.

Asar despacio, pelar en caliente

El secreto es la paciencia y una temperatura moderada. Los pimientos van enteros, sin aceite y sin sal, sobre la bandeja, y se les da la vuelta cuando la piel del lado de abajo se ha arrugado y empieza a soltarse. Si el horno va demasiado fuerte la piel se quema antes de que la carne se haya hecho, y entonces sabe a ceniza.

Al sacarlos se tapan unos minutos para que el vapor termine de despegar la piel, y se pelan todavía calientes, con las manos. Ese jugo oscuro que queda en la bandeja no se tira jamás: se cuela y se guarda, porque es la mitad del sabor.

El aliño que no debe taparlo

Un buen aceite de oliva, un poco de sal y, si acaso, un ajo en láminas. Nada más. El pimiento asado del Bierzo no necesita vinagre ni azúcar ni orégano, y todo lo que se le añada de más va a competir con él en vez de acompañarlo.

Se desgarran en tiras con los dedos, nunca con cuchillo, y se dejan reposar al menos una hora en su propio jugo antes de comerlos. Fríos están mejor que tibios, y al día siguiente mejor que el primer día.

Lo que se guarda para enero

En las casas bercianas asar pimientos en septiembre es un trabajo de tarde entera, porque no se asan seis: se asan tres o cuatro kilos y se llenan tarros. Bien cubiertos con su jugo y un dedo de aceite, aguantan semanas en la nevera; esterilizados al baño maría, llegan sin problema al invierno.

Por eso la feria de hoy y la cocina de esta semana son la misma cosa. Cacabelos lleva más de siete siglos bajando al Cúa a comprar lo que hará falta cuando venga el frío, y el pimiento asado es exactamente eso: el verano guardado en un tarro. Si quieres hacerlo en casa, tienes la receta completa en nuestro recetario.

Fuentes consultadas