2 de octubre de 2026

Cintruénigo empieza hoy una fiesta de la gastronomía que no empieza comiendo

La XXIII Fiesta de la Gastronomía Navarra abre esta tarde con una obra de teatro sobre la historia del vino. Lo de comer es el domingo: ternera asada desde la noche anterior, alubias pochas y una copa de cristal por cuatro euros.

Pochas a la navarra Cintruénigo
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Una fiesta de la gastronomía que abre con una obra de teatro

Cintruénigo, en la Ribera de Navarra, celebra desde hoy y hasta el domingo la XXIII edición de su Fiesta de la Gastronomía Navarra, y el programa de esta primera tarde no tiene ni una cuchara: a las siete y media se abre el ciclo Teatreros'26 en el Centro de Artes Avenida y a las ocho se representa «Oh Vino», de La Líquida, una comedia con música en directo sobre la historia del vino.

Es una decisión de programa que dice algo. Una fiesta gastronómica que arranca contando de dónde viene lo que se va a beber, antes de servirlo, está colocando la comida donde la coloca la Ribera: como cultura, no como consumo. Lo de comer llega el domingo, y en medio hay un sábado que es, sobre todo, trabajo.

El sábado por la noche se enciende la ternera

El sábado tiene a mediodía el concurso de tortilla de patata, en Los Paseos, con una norma que vale la pena citar porque resuelve una discusión nacional sin entrar en ella: «Todas deben llevar huevo y patata, aunque se pueden añadir otros ingredientes». El jurado no sabe quién ha hecho cada una, y hay tres premios a las más sabrosas y uno a la más original.

Pero el acto que de verdad marca el ritmo de la fiesta es a las diez y media de la noche: la preparación de la ternera, con una ronda musical de los Auroros de Cintruénigo y el comienzo del asado. O sea que mientras el pueblo está de verbena, la carne del domingo lleva horas al fuego. Es el mismo principio de cualquier comida de pueblo que alimente a cientos de personas: lo que se reparte a mediodía se empezó la noche anterior.

Cuatro euros, copa incluida

El domingo empieza a las diez con la chistorrada en Los Capuchinos —pan y vino, con zona sin gluten, hasta las once o hasta que se acabe—, y a la vez hay cata de tostadas con aceite de oliva virgen extra en la Almazara del Ebro y visitas guiadas a la Bodega Cirbonera. A las diez y media abre el mercado de productos navarros y a las doce se entrega el premio de la edición.

Y a las doce y media llega lo que da nombre a todo: la degustación de ternera de Navarra asada con alubias pochas, hasta las dos o hasta agotarse. Cuesta cuatro euros y lleva la copa de cristal incluida, que es un detalle muy de la Ribera: pagas la copa una vez y te la llevas. Los vales se venden antes en Dulces Katty y en el Estanco Tere, o el mismo domingo en el quiosco de Los Paseos.

La pocha, que es una alubia con prisa

De las dos mitades de esa degustación, la que se puede hacer en casa sin un asador y una noche por delante es la otra: las pochas. Y conviene explicar qué son, porque mucha gente las confunde con una alubia blanca cualquiera.

La pocha es la alubia recogida fresca, antes de secarse, cuando la vaina ya ha perdido el verde pero el grano todavía no se ha endurecido. Eso cambia todo: no hay que ponerla a remojo la víspera, se cuece en bastante menos tiempo y la piel queda finísima. Es una legumbre de temporada corta, de finales de verano y principios de otoño, que es exactamente ahora.

Nuestra receta lleva 800 g de pochas frescas desgranadas, una cebolla, un pimiento verde, un tomate maduro, dos dientes de ajo, una hoja de laurel, aceite y agua o caldo suave. Y guindillas en vinagre para acompañar, si se quiere.

Ni remover ni harina: las verduras ligan solas

El método es de una sencillez que engaña. Se cubren las pochas con agua fría o caldo suave en una cazuela y se les echan encima la cebolla, el pimiento, el tomate, el ajo y el laurel, en crudo, enteros o en trozos grandes. Se cuece a fuego bajo, y aquí está la única regla de verdad: a fuego bajo, para que la legumbre no se rompa. Una pocha hervida a borbotones se deshace y el guiso se convierte en puré.

El ligado tampoco se hace con harina ni removiendo. Se retira parte de las verduras, se trituran y se devuelven a la cazuela: ellas espesan el caldo. Se ajusta de sal al final —nunca antes, con la legumbre aún dura— y se deja reposar unos minutos antes de servir.

Para cuatro, y la cazuela no pide más de tres cuartos de hora al fuego. El domingo, en Los Paseos, las harán por cientos y se repartirán en vaso de cristal junto a la ternera; en casa salen sin cola y sin vale, aunque también sin los Auroros cantando a las diez y media de la noche mientras la carne empieza a asarse.

Fuentes consultadas